El Efectivo Mata a la Motivación (parte 1)

  1. El Efectivo se Convierte en Compensación

La gran ventaja de escoger un incentivo monetario es que no hace falta un método de distribución adicional.  Su compañía ya sabe como darle dinero a sus empleados, lo hacen todas las semanas.  Si además ya le hacen depósitos electrónicos a los empleados, ya no se requiere siquiera de generar cheques o procesos de manejo de efectivo; solo hace falta esperar al siguiente período de pago y listo.

Pero eso es justo el problema. “Los empleados ven los incentivos en efectivo como parte de su compensación regular,” dice a Michael Dermer, presidente y CEO de la compañía de gerencia de las recompensas IncentOne, basados en Carlstadt, N.J. O’Malley concurre, agregando, “Como esos pesos solo terminan siendo parte de lo que un empleado lleva a casa, no hay nada de especial en ellos.

El dinero tiende a ser gastado en el pago de cuentas, y no se hace nada realmente memorable con el, así que no hay un efecto duradero en los pesos que está Usted poniendo en esos esquemas de incentivos. Apenas se convierte en una parte de esa pila de dinero que encuentra la manera de ser gastada cada mes y cada año.

  1. Difícil de Quitar

Más allá de la pobre capacidad que tiene el efectivo en lograr cambios en comportamientos, realmente “puede ser dañino,” dice Dermer.  En épocas económicas buenas, donde uno está bien de dinero y las metas se están alcanzando, el efectivo es relativamente sencillo de entregar.  Pero cuando los tiempos son malos, y hay escasez de efectivo, los empleados solo se preguntarán a donde fue a parar su dinero.  Estudios demuestran que ya no era un incentivo, ya era “su” dinero.  Descontinuar un programa no monetario tiene considerablemente menos impacto negativo en la motivación de empleados que matar una fuente de efectivo.

  1. Remordimiento del Comprador (Buyer’s Remorse)

Un padre de familia que ha recibido un premio en efectivo de su empresa tiene frente a sí una decisión difícil: Poner el dinero en un fondo de ahorro para la educación de sus hijos, usarlo para pagar cuentas pendientes, aminorar los saldos de las tarjetas de crédito, o ‘derrocharlo’ en unas vacaciones familiares o bien comprar algo especial para la familia. Si decide ‘derrocharlo’, él puede lamentar la decisión más adelante, cuando una cuenta particularmente grande aparezca en la economía familiar. Ese pesar puede tener un efecto negativo en la calidad general del premio.

La gran mayoría de los incentivos no monetarios se consideran por su naturaleza propia, lujos, y ganarlos a través del trabajo duro puede dar a empleados un sentido de éxito/logro, además de que son en si calmantes para la conciencia.  No hay remordimiento en tomar una vacación cuando el mensaje, desde un inicio es: ‘Si usted excede sus metas de ventas por diez por ciento, vamos a mandarlo en unas vacaciones todo incluido a Hawái, para toda su familia’.

Al contrario, el empleado inmediatamente solo piensa: “¡Eso es MUY bueno!”, no hay otra decisión que tomar aparte de que hay que poner en la maleta para ir a Hawai.

  1. No Hay Valor de Trofeo

¿Cuándo fue la última vez que escuchó a alguien presumir sobre el dinero la compañía le dio?  Los premios en forma de mercancías y viajes tienen un valor intangible para el individuo que en la mayoría de las ocasiones supera ampliamente el costo de los mismos premios. “El efectivo carece de valor de trofeo y de las cualidades re reforzamiento social que incrementan el valor del premio no monetario” dice Dermer.

O’Malley de Maritz conviene: “una de las cosas en la que nosotros como compañía creemos, y lo hemos creído por mucho tiempo, es que el valor asociado con un incentivo no monetario es simplemente inmenso.”  Pregúntese usted mismo, ¿qué vale más?, ¿$10,000 pesos o un viaje? ¿Qué le da más estatus entre sus colegas?

  1. No es Promocionable

El valor de trofeo de una recompensa no monetaria puede tener un efecto positivo entre los empleados que no llegaron a sus metas y que por ende no se llevaron a casa el premio. “No se puede dar promoción a unos pesos,” dice Alberto Álvarez-Morphy, líder de opinión en temas de CRM e incentivos en América Latina. “Pero se puede armar un gran escándalo y alboroto alrededor de mercancías, certificados y viajes para verdaderamente mejorar comportamientos y además hablar abiertamente de la gente que se llevó a casa el premio.”

Por ejemplo, subir a un escenario a un grupo de personas y decirles a todos los demás que ellos se están llevando a casa $10,000 pesos cada uno (o publicarlo en un newsletter, revista interna, etc.) es incluso socialmente inaceptable.  Sin embargo, mostrar a un grupo de personas abiertamente y decir: ‘Todas estas personas son ganadoras del premio del Club del Presidente y cenarán con el presidente en un Glaciar en Alaska’ tiene efectos muy positivos en aquellos que no están en el escenario, al querer ganar el premio la siguiente vez que se ofrezca.

Además las oportunidades de promoción son infinitas, menos con el efectivo, en ese caso son privadas y sólo del conocimiento de los ganadores. La capacidad de promocionar los premios y a los ganadores tendrán un impacto fuerte en el futuro, cuando se realicen análisis de retorno a la inversión en el programa de incentivos.

En la segunda parte hablaremos de más razones por las cuales el dinero en efectivo es un componente dañino en cualquier programa de incentivos.

EN NUESTRO BLOG

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *